La sauna actúa como vasodilatador, abre los poros para eliminar impurezas y toxinas; por su parte, el ejercicio estimula el aporte sanguíneo, nutriendo y oxigenando la piel. Un estupendo combo para conseguir una piel más suave, brillante y sana.


Entre 10 y 15 minutos. Si queremos una sesión más intensa, podemos volver a entrar otros 5 o 10 minutos siempre intercalando con una ducha fría.

Es importante beber mucha agua durante estas sesiones para no tener peligro de deshidratación especialmente en las saunas húmedas o baños turcos, ya que la humedad impide que tengamos la sensación de estar sudando.

¿Qué hago después?

Tras el calor los poros están dilatados, lo que permite a la piel absorber mucho mejor todo lo que se le aporte. Lo ideal es aplicarse la crema más potente que tengamos, el tratamiento más rico en activos.

La sauna también es recomendable utilizarla antes de un masaje, especialmente para aquellos a los que les cueste relajarse. Ayudará al terapeuta a movilizar mejor la musculatura.

¿Cuándo NO debemos utilizar la Sauna?

  • Cuando tengamos problemas de circulación como hipertensión, hipotensión, infartos de miocardio, varices en fase aguda.
  • Si sufrimos fiebre o alguna enfermedad contagiosa o infecciosa.
  • Durante los primeros meses de embarazo
  • Si hemos bebido alcohol

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